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2006年10月 7
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Que canten los niños, que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar, que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad. Que canten los niños que viven en paz y aquellos que sufren dolor, que canten por esos que no cantarán porque han apagado su voz.
Yo canto para que me dejen vivir. Yo canto para que sonría mamá. Yo canto porque sea el cielo azul. Y yo para que no me ensucien el mar. Yo canto para los que no tienen pan. Yo canto para que respeten la flor. Yo canto para que el mundo sea feliz. Yo canto para no escuchar el cañón.

 Yo canto para que sea verde el jardín. Y yo para que no me apaguen el sol. Yo canto por el que no sabe escribir. Y yo por el que escribe versos de amor. Yo canto para que se escuche mi voz. Y yo para ver si les hago pensar. Yo canto porque quiero un mundo feliz. Y yo por si alguien me quiere escuchar.
Que canten los niños, que alcen la voz, que hagan al mundo escuchar, que unan sus voces y lleguen al sol, en ellos está la verdad. Que canten los niños que viven en paz y aquellos que sufren dolor, que canten por esos que no cantarán porque han apagado su voz.
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A la rueda, rueda
de la caracola
duermen los cangrejos
y ríen las olas.

Los peces chiquitos,
juegan en la arena.
Se quedan dormidos
junto a las ballenas.

Los peces despiertan,
saltan por las rocas,
burbujas de risas,
hacen en el agua
sus palabras cortas.


Cantan, sueñan, bailan
y con sus manitas
mecen en sus cunas
a las estrellitas.
  

Al acuario-escuela,
van los pececitos.
Pompas de colores
entre sus libritos


a la rueda, rueda
vamos a soñar
que pronto, mamita,
nos vendrá a buscar.


ROSARIO. |
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En uno de mis multiples viajes, mientras tomaba un vaso de leche caliente en una tasca, el camarero me comento entre risitas que sólo habia una persona en el pueblo mas rara que yo (lo de la leche debió traumatizarle). Era un hombre pequeño de gafas, al que -segun la version del camarero- si se le ofrecia elegir entre dos monedas de diferente valor siempre elegia la menor. Para demostrarmelo, llamo al pequeñajo que estaba al fondo del bar, que a pesar de que llevaba ahi toda la mañana yo ni me habia dado cuenta, y le dio a elegir entre una moneda de 50 Cnt y una de dos euros. El hombrecillo, parecio dudar durante unos segundos, se guardo la de 50 Cnt y dando las gracias salio del bar entre las carcajadas de los parroquianos. A mi me dio bastante pena, por lo que sali detras de el para decirle: - La proxima vez que te den a elegir, escoje la moneda grande, ya que con ella podras comprar mas cosas que con la pequeña. El me miró de pies a cabeza, y sonriendo me contestó: -¿Durante cuanto tiempo seguiran ofreciendome dinero si siempre escojo la grande? | |
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